Como era bastante predecible, solo por estadísticas, Netflix fue la gran ganadora del Oscar al llevarse siete premios, entre ellos dos por Mank (fotografía y diseño de producción) y dos por La madre del blues (maquillaje y vestuario). Es cierto: sigue lejos de los premios “grandes” (guión, dirección, actuación en general y película), y si se considera que tenía 36 menciones (de las cuales Mank tenía diez) puede resultar poco. Pero nadie tuvo tanto en una noche extraña, más virada hacia la política que hacia el cine.

Lo de Netflix es importante por otra razón: qué sucede con la exhibición en salas. Como se explica en otra nota, este es el combate de fondo en todo el sistema cinematográfico global. Si las plataformas ya son el núcleo duro del cine (con las salas solo reservadas para el gran espectáculo para todo público) o si es posible que haya aún un espacio en las salas para toda clase de películas. El creciente peso de Netflix y las demás plataformas (Amazon logró varios premios por Sound of Metal, Disney+ por Soul, etcétera) muestra que las salas se encuentran en una crisis liminar que puede redefinir todo el sistema.

Para que se entienda mejor: la performance de Netflix es la segunda mejor desde que en 2017 Lionsgate (productora cinematográfica) se llevó ocho premios, seis de los cuales fueron para La La Land. Y el segundo este año fue Disney (básicamente por filmes on demand), con cinco premios. El primer estudio de “puro cine”, Searchlight, quedó tercero por los tres galardones de Nomadland. Es evidente, entonces, la redefinición del panorama audiovisual, incluso si “mejor película” sigue siendo elusivo para el entretenimiento puramente hogareño.

(gentileza)