Curiosidades sobre el pekinés, el perro que integró la realeza oriental

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Aunque otras razas comenzaron a sumarse a los gustos de los más jóvenes, el pekinés se mantiene en el podio como una de las razas que más se buscan en todo el mundo. Esto se debe a su tamaño reducido que los hace ideales para habitar en departamentos o  casas pequeñas.

Es una variedad canina que sorprende. Pese a su tamaño, el pekinés suele mostrar gran carácter y es un excelente guardián. No tiene qué envidiar a los perros de gran porte porque suele combinar su cariño por los chicos con determinación a la hora de defender a los suyos.

Desde pequeños suelen muy buenos guardianes. 

Entre los detalles más significativos del pekinés, se destaca su tamaño: solo alcanza los 25 centímetros y ronda los 5 kilos de peso. A pesar de ser chicos, suelen sorprender por su pesoy eso se debe a que cuenta con una gran estructura ósea.

Otro de los rasgos que diferencian a este animal es su cabeza es plana y muy grande en relación con el cuerpo. Cuenta con un hocico chato y pliegues en su rostro. Sus ojos están separados y tienen color oscuro.

Para la cultura japonesa tienen un valor especial. 

Muchas de las variedades de esta raza llaman la atención por su abundante pelaje, sobre todo en el área que rodea a su cuello lo que, en muchos casos, los hace asemejarse a un pequeño león. Sus orejas los vuelven tiernos porque cuelgan al costado.

Durante mucho tiempo se lo consideró un privilegio de la realeza y por eso acceder a un ejemplar de este perro se tornó muy difícil porque su exportación a otros países estaba prohibida. Aunque viven en sitios pequeños, no se acostumbran a la soledad y precisan compañía.

Tienen una abundante cabellera. 

Historia peculiar

El pekinés guarda tras de sí una historia muy llamativa. Según algunos documentos encontrados hay datos sobre su existencia en el siglo VIII, durante la dinastía Tang. Son originarios del sudeste asiático y descendientes de los perros lanudos del Tíbet.

No es aconsejable dejarlos solos mucho tiempo porque sufren. 

Una leyenda china atribuye su origen a la unión de un león y una mona. Es venerado por los monjes budistas porque su rostro chato recuerda a los leones de Fu, similares a las gárgolas en Europa.

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